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Y lo peor, según dice, es que ante cualquier protesta, la respuesta es siempre igual de lapidarias: "La hostelería es así".

"Las condiciones, en otros sitios, eran aún peores" ha trabajado como camarera en 10 o 12 establecimientos de Córdoba y Sevilla.

En el 80 % de ellos ha cobrado una parte de su sueldo en negro y en el 100 % ha trabajado más de 10 horas al día, pero su peor experiencia la vivió en una taberna de la capital andaluza en la que cobraba 1.100 euros —la mitad, en negro— por trabajar 14 horas diarias (de 11.00 a 18.00 y de 20.00 a 3.00), librando solo un día y medio a la semana y sin que ni siquiera le dieran de comer.

Su contrato, por si eso fuera poco, era por dos horas al día.

¿Por qué aceptó? "Porque necesitaba trabajar y porque las condiciones, en otros sitios, eran aún peores", explica por teléfono.

Aguantó un año y no se planteó denunciar porque no tenía papeles con los que demostrar nada.

Precariedad en restaurantes de lujo lleva en trabajando en la hostelería desde los 16, así que ya tiene unas cuantas malas experiencias entre las que elegir.

¿La más precaria? "No sabría cuál decirte", responde por teléfono.

De los 10 sitios por los que ha pasado, asegura que en ocho le han pagado una parte del sueldo en negro y que en todos ha trabajado más de 10 horas al día sin cobrar horas extras.

Explica que pasó una temporada formándose en un reputado restaurante donostiarra con tres estrellas Michelin y que allí no cobraba, pero que si se hacían cargo de su manutención: "Lo de los stagieres no lo veo mal porque vivir esa experiencia me ha abierto muchas puertas".

Lo que si ve mal es haber trabajado como jefe de partida en uno de los restaurantes más lujosos de Madrid (este, sin estrella Michelin), pero "asegurado a media jornada" y trabajando 13 horas al día, con un uno y medio de descanso a la semana, por 1.300 euros mensuales, 400 de los cuales, en negro.

"Y te lo vendían como algo para aprender", dice.

"Una vez cobré horas extras, pero a partir de la número 11" actualmente trabaja como jefe de cocina en un sitio en el que está "bastante bien".

Pero también ha saboreado en carne propia la peor cara de la hostelería: "Dejé un importante restaurante de Madrid porque un empresario de Jerez me prometía contrato indefinido y 1.800 euros al mes", explica.

"Luego resultó que no había contrato y que pagaba por partes".

Más adelanté confió en otro empresario, pero tras dos meses y medio trabajando sin cobrar, decidió dejarlo y ponerles una denuncia.

"Cerraron ese restaurante, pero ya han abierto otro.

Las sociedades limitadas protegen a este tipo de gente".

Desde que empezó a trabajar, con 18 años, ha pasado por siete restaurantes y asegura solo en uno no le han hecho contrato, pero en todos ellos ha cobrado una parte de su sueldo B.

La jornada diaria habitual, además, oscila entre las 10 y las 14 horas.

Pero solo una vez cobró horas extras: A partir de la número 11, y a 6,50 la hora".

Una experiencia 100 % precaria lleva en la hostelería desde los 18.

A lo largo de su carrera ha pasado por unos 20 establecimientos distintos y, según cuenta, en el 100 % ha cobrado una parte del sueldo en negro y en el 100 % ha trabajado más de 10 horas diarias.

Pero, como Juan, solo en uno cobró horas extras, a 10 euros la hora.

Recuerda un restaurante en el que cobraba 1.300 euros —la mitad, en negro— por trabajar 11 horas diarias con jornada partida y "tres medios días" de descanso a la semana.

Es decir, que iba a trabajar por la mañana y después del servicio de mediodía, podía irse.

Tres tardes libres.

Nada más.

Y así una semana tras otra, hasta que no pudo más.





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